¿Sabeís? Tengo bastante claro que se acerca un cambio, uno importante. Está claro que nuestro mundo está siempre en constante evolución pero casi siempre es cuantitativa, y solo de vez en cuando hay un salto cualitativo; algo que hace que tiemblen los cimientos de cuanto conocemos.
La gente está enfadada, no hace falta ser un lince para darse cuenta de esto: Túnez, Egipto, Islandia, Francia (¡9 huelgas generales el año pasado! mejor no digo nuestras cifras), etc. Los derechos por los que tanto hemos luchado por conseguir ahora, centímetro a centímetro (y metro a metro cuando giramos un segundo la cabeza) nos están siendo arrebatados: Pensiones, formación académica y su nivel, años de trabajo, sueldo, horas, internet... ¡Esa gran sociedad del bienestar! esté donde esté vaya...
En todas las épocas los cambios han ido precedidos por personas que tenían la espalda contra la pared y nosotros no somos una excepción. Aunque a nosotros nos ha tocado vivir una en la que los que gobiernan tienen los medios para hacernos creer que nuestra espalda está tranquilamente en el sofá (¡con su respectiva televisión, por favor!) y no contra el frío hormigón.
Por si esto no fuera poco, tenemos un problema muy muy grande entre manos: Nos han hecho despreciarnos a nosotros mismos, de manera individual. ¿Cuántas chicas conocéis que no quieran tener un poco más de pecho? ¿Menos cintura? ¿ser más altas? Y chicos... ¿más buen cuerpo? ¿ser siempre unos machotes? ¿aguantar un montón en la cama?
A mi me parece maravillosa una chica con poco pecho, con “más carne” de la que debe (¿más carne? ¿me estáis leyendo? ¡¿qué basura es ésta?! ¿más carne qué quién?) más o menos alta... Me fascinan los chicos interesantes, delgados o gordos, con mucho o poco pelo, y el cabello largo o sin él, me da igual que tengan el mentón perfecto o si lo tienen hundido...
Tenemos muy mala suerte ya que Ellos lo han hecho muy bien. Nos han hecho querer ser moldes de los raperos, heavies, barbies, cachas, cantantes, actores, etc. ¡Moldes!
Quiero haceros una reflexión. Pensad un momento en vosotros. Todos sin excepción lo habeís pasado mal; algunos los estudios se les ha hecho la cuesta arriba, otros habéis tenido que soportar la probreza en vuestra casa, o solo unos padres negligentes, abusones en el colegio, algunos han vivido una o varias muertes cercanas... todos en algún momento habéis tocado fondo y habéis conseguido tirar adelante. ¿¡ Por qué cuando veís a alguien solo podéis pensar: “Que feo es”, o “que guapa se cree” o, o, o....?! Si han pasado por situaciones parecidas a las vuestras y os comprenden mejor de lo que lo hará nadie...
Y es que a este problema se le suma, como anunciaba al principio, que se acerca una época de cambios y hemos de darnos cuenta de que el primer escoyo es que la mayoría no sabe quererse y por ende no sabe querer a su compañero de clase, vecino, o amigo (increíble, ¿eh?).
¿Cómo nos uniremos para hacer frente a los tiempos que se nos echan encima, sino sabemos darnos la mano? (¡nos da asco darle la mano a alguien que no sea o familia o pareja!)
Os insto a mirar un poquito más allá. Ver que nuestra espalda empieza a estar humedecida de un sudor frío en contacto contra la pared, y que no estamos solos ahí.
¿Salimos?

