Todo está pasando desprisa y el tiempo
no se detiene ni en la calle ni en la sastreía.
No me disculparé por despreocuparme
del negocio.
Si la gente no tiene con qué vivir,
por mucho que mis telas sean gratuitas, nadie las querrá. Cuando
tienes hambre no te importa como vas vestido.
Si la cosa sigue así solo me quedará
una clase de personas a la que hacer los trajes... Probablemente
los querrían a modo de “regalo”. Simplemente inaceptable.
Así que ni la cierro, ni la abandono,
solo cuelgo un cartelito en la puerta que reza:
“Desatendida por Reformas Sociales.”
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