No tengo por costumbre dejar que en la sastrería se filtren los problemas del exterior, pero en este caso, y pecando de una falta de estilo tremenda, estoy hasta las pelotas.
Entiendo que usted, el otro, y el de más allá tengan puestos hilos en mi. Si usted que me lee, me dice algo (tira por lo tanto de su cordón en mi oído) yo trataré de ayudarle o al menos no entorpecerle el camino.
Los hilos que mis amigos y demás gente querida tiene sobre mi me mueven, lo hago de manera consciente y encantado. Pero ¡ah! cuando el hilo se transforma en "cable", viene de un desconocido y me mueve a su son; Eso es manipulación -mon ami- y sí, me toca mis laicos e hinchados cojones.
El derecho supra-consititucional, mayor que la idea de humano, y que abarca más lejos del concepto persona llamado cariñosamente Libertad es violado una vez tras otra, con una sonrisa sádica y una respiración calmada por aquellos que han decidido, junto al voto de su dinero, que tienen potestad sobre mi vida en particular y la vuestra en general -señor, sí señor; que decimos-.
Y es que claro, se deben a su pueblo: a sus votantes.
Entonces, y solo entonces. Cuando la democracia es pervertida como a una menor cualquiera, cuando su cara humana se transfigura en el verde más apestoso y el olor que nos inspiró un día, al salir de la dictadura, empieza a rezumar el rancio del óxido de los cables, yo que soy un ser pacífico por naturaleza señalo mi puerta y le espeto con un tranquilo:
¡NI SE TE OCURRA PISAR MI SASTRERÍA, ZORRA!
Me gustan mucho estos cables o hilos. Los comparto.
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