Lo que os
cuento a continuación no es una justificación, es más bien una explicación. Sé
que no es común este tipo de escritos, la gente no tiene por costumbre
reconocer sus errores y menos escribirlos en público. Pasen y quédense con lo
que les corresponde y a los mezquinos, que los hay, que comentarán, criticarán o
dirán ves tú a saber qué, muy sinceramente: Qué os follen.
He vivido en
Barcelona, Murcia y Madrid y en todos estos sitios he tenido la gran suerte de
hacer buenos amigos. Esos amigos a los que no llamo, no escribo y en líneas
generales no les doy señales de vida. A ellos les pido disculpas con la boca
pequeña. Cuando me conocisteis no ponía en ningún lado que yo tendía a ir por
libre. Me sorprendo, muy a menudo, pensando en vosotros, en los cafés, en las
noches de fiesta, en las discusiones y general en las penas y las alegrías que
un buen día nos acercaron.
En estas tres
ciudades he hecho cosas buenas (¡Me sorprendo hasta yo!) y cosas reprobables
que han acabado dañando a personas que quería. Muchas veces no jugué limpio,
otras muchas no fui especialmente claro y en las que actué limpia y claramente
iba tan confundido conmigo mismo que acabé por romper con situaciones o
personas que merecían la pena. A día de hoy entiendo, y me consuela, el pensar
que no era el momento. Pero a vosotros también os debo una disculpa; esa me encargaré de
hacérosla llegar personalmente.
Por último concluir que mi capacidad
de mostrar, que no la de sentir, mi afecto, simpatía o amor es bastante
limitada. Mi gran logro: Rodearme de
gente con la paciencia necesaria para destilar mis escuetas muestras de cariño. No es
hazaña pequeña.
Eres MU grande.
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