La paz llegará, mas de ella nacerá la armonía o la entropía; No sabría precisar.

- Oráculo en-Vec -

lunes, 6 de enero de 2014

De soledades y reencuentros


Hoy echaba de menos a alguien y echándole de menos, echándole de menos me he preguntado...

¿Cuánta gente se siente sola?
¿Cómo sobreviven a la soledad?
¿Cómo lo hacen para conocer a otros como ellos?
¿Se olvidarán de lo sufrido cuando encuentren a alguien?
¿En el caso de olvidarse... está eso bien?

Entre este torbellino de cavilaciones andaba yo bajando la pacifica calle Huertas dirección al Retiro. A sido en ese instante en que me ha asaltado una punzada de vergüenza: “¡Hostias, me siento solo!”.
He bajado un poco la cabeza, me he arrebujado en mi anorac y he empezado a subir la cuesta que me llevaba al parque mientras me preguntaba el porqué de ese sentimiento de vergüenza. La respuesta ha ido, como acostumbra, saliendo sola a la vez que me adentraba en los caminos de árboles desnudos.
He sentido vergüenza porqué al andar solo inducía a pensar a los que paseaban a mi alrededor que yo no tenía nadie con quien ir, que no tenía la capacidad o el atractivo para rodearme de gente con la que compartirme. En este punto no he tenido más opción que sonreír aliviado. Esto sí que lo sé hacer.

He seguido rumiando sobre cuando fue la última vez que me sentí así. De eso ya hace algún tiempo, pero en esa ocasión fue una decisión meditada y cargada de ira. Lo que no esperaba, esa vez, era encontrarme con paz al alejarme del mundo. Es sorprendente lo mucho que aprende uno cuando empieza a escuchar pausadamente lo que lleva media vida gritándose.
Otra vez sonrojado me he dado cuenta que ya había aprendido sobre la soledad y a estar solo pero había olvidado sus diferencias. Y peor aún, había olvidado la necesidad que sentía en hablar un rato conmigo mismo.

Creo que lo había olvidado, sin darme cuenta, al unirme al rechazo infundado que siente la gente por la soledad. Sí, infundado. Y es que hay tipos y tipos de soledad; obviamente algunos son negativos pero hay que ser un poco obtuso para no comprender que, bien entendida y en su justa medida, es fuente de liberación y tranquilidad.
Es increíble, me decía mientras me internaba en los caminos y recovecos del parque, como la gente, discretamente, condena la soledad. Como la apartan como si de la peste se tratara... Quizá no quieran a admitir, me decía, que en su vida también existe. ¿Por qué le tienen tanto miedo entonces? ¿Tan desconocida o inexplorada es para ellos? ¿Hará falta valor real para salir a la calle solo, sin esperar encontrarse con nadie?

Entre preguntas y andares he llegado a la salida del recinto, la cual he decidido que serviría también como punto final para mis reflexiones del día. 

Y es que supongo que hoy echando de menos a alguien he acabado encontrádome de nuevo. Así que solo he podido añadir un mudo y sosegado:

- Váyase, está cerrado, no nos quedan réquiems para los que se fueron.

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