La paz llegará, mas de ella nacerá la armonía o la entropía; No sabría precisar.

- Oráculo en-Vec -

sábado, 25 de enero de 2014

¿Qué ves?


Hoy he salido a la calle con el Gordo, el perro de la casa. Íbamos andando y creo que los dos a la vez nos hemos dado cuenta, cada cual a su manera, del brillo especial que contenía el día. Es algo muy sutil que no sé si soy capaz de explicar... es, intuyo, un manto de luz que embellece al mundo; Él, animado, miraba a su alrededor en busca de compañeros de fatigas perrunas y ocasionalmente, como quien le hace un favor a la vida, soltaba un meo con displicencia. Yo, por mi parte, ya empezaba a tener claro que al dejar a nuestro temible can en casa volvería a la calle para disfrutar de un segundo paseo.


Saliendo de casa he decidido ponerme mis gafas de ver de cerca. Como todos, y sin tener nada que ver con problemas de la vista, tengo un cajón con gafas; Las de analizar cabezas ajenas, las de ver venir los problemas de lejos, las de ensombrecer el mundo y las de ver de cerca.


Al pisar la calle no tenía una ruta fija, pero sí la idea clara de querer ver, limpia y sencillamente, el mundo.


Veo, me decía, un centenar de caras apagadas, abatidas por la erosión del tiempo y el esfuerzo, inalcanzable, de intentar vencerlo. Son caras llenas de golpes, arañazos y dolor, pero si te acercas un poco más, en algunas, puedes ver una brecha en esos rostros grises, la brecha en forma de sonrisa translucida y fugaz que le cuenta, a los que quieran ver, que aun no se han dado por vencidos.


Veo personas feas cambiar las cartas de su mano a golpe de palabra y ganar partidas en un parpadeo. Veo, también, bellezas abrir la boca y desmoronar, sílaba a sílaba, la obra de arte que han hecho de sus cuerpos


Veo tres destellos de sonrisa y un haz de carcajada.


Veo como dos amantes se venden humo a granel, cimentando, así, un precioso adosado en el aire.


Veo la suerte escaparse de los zapatos nuevos de un niño y abandonarlo a un planchazo que obtiene la máxima puntuación en las clasificatorias de los juegos olímpicos infantiles que acontecen el año que viene en Venecia.


Veo a un joven marroquí coger en brazos a su hermana pequeña que, ahora que un superhéroe le ayuda, roza con sus pequeños dedos el techo del cielo.


Veo una mujer llorar en medio de sus sombras y me doy cuenta que aun no ha visto la planta de intenso color verde que está haciendo crecer gracias a sus lágrimas y a un dolor oscuro que ya no le pertenece.


Veo un padre que empujando el cochecito le canta a su hijo: -”Veo, veo...”, éste empieza a mirar con avidez a su alrededor y, por sorpresa y quedándome sin aire, me veo reflejado en ese pequeño aprendiz de observador.




Volviendo a casa me planteo qué quizá, visto lo visto, nadie vea el mundo como lo veo yo.


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