Y aquí estoy, sentado en mi escritorio, seleccionando una de esas listas hechas para arrancarte el corazón a cucharaditas y respirando pausadamente; Sé en mis entrañas que he empezado de nuevo la purga.
Sé que esto de “la purga” puede
sonar extraño o confuso pero es algo muy sencillo. Hay semanas,
meses, incluso años, mejores o peores; hasta aquí todos de acuerdo.
Cuando los días malos se suceden hay un momento en que mis
percepciones, mi manera de pensar, de resolver situaciones o de
responder a la gente se enrarecen. De repente todo pasa por un prisma
mucho más oscuro y viciado. No solo éso sino que de manera
totalmente inesperada pierdo de vista los motivos por los cuales
vivo. Sí, así de desastroso. Es como si un velo negro me cubriera
los ojos y de repente las cosas que me rodean pasan a resultarme
menos interesantes, me preocupan menos mis amistades y mi futuro no
es tan importante como supongo la mayoría de días.
Así que me siento y me purgo. Cada
purga es distinta, cada una drena esa viscosa oscuridad infiltrada en
mi y cada una lo hace de manera distinta...
Algunas son sencillamente un torrente
de lágrimas y palabras dirigidas a todos aquellos que, de improviso,
me acuerdo que echo desesperadamente de menos. Es como si en cada
lloro atragantado que cae en el papel hiciera que la tinta se
corriera también hasta difuminar el dolor de su ausencia.
Algunas son puras llamaradas de ira y
frustración. Son garabatos en un papel que no resiste y queda
rasgado junto a las dos páginas que van debajo. En cada tajo de
tinta se desvanece algo de rabia y es suplantada por mi habitual
tranquilidad.
Algunas son más alquitrán que tinta y
más aceite de motor de camión que carboncillo de lápiz. Son todo
lo podrido en mi. Por suerte al tocar papel su toxicidad queda
atrapada.
Algunas son solo una escritura lenta,
una letanía cansada y gris reflejo de en lo que, por momentos, se
convierte mi vida. Cada palabra ata ese cansancio al papel y me
devuelve, poco a poco, distintos tonos de color a la realidad.
Y una de ellas es justamente ésta; mi
purga número infinito menos uno; una sencilla explicación.
Todo ésto os lo cuento porque llevo
una semana de mierda. Una de ésas en que todo va un segundo por
delante y un centímetro hacia el lado; nada está en su sitio y todo
acaba por irritarte.
Llegaba el viernes y ya notaba las raíces negras haciéndose hueco en los recovecos más vulnerables de mi cabeza y, de la nada, me encontré hablando con una joven, la cual en dos frases y una sonrisa supo resumir aquello en que yo llevaba tanto tiempo pensando: “Hay dos clases de personas: Las que complican las cosas y las que las simplifican y tengo la impresión de que tú estás en el segundo grupo” dijo sin perder esa mirada risueña del que se sabe conocedor de una Verdad más del mundo.
Llegaba el viernes y ya notaba las raíces negras haciéndose hueco en los recovecos más vulnerables de mi cabeza y, de la nada, me encontré hablando con una joven, la cual en dos frases y una sonrisa supo resumir aquello en que yo llevaba tanto tiempo pensando: “Hay dos clases de personas: Las que complican las cosas y las que las simplifican y tengo la impresión de que tú estás en el segundo grupo” dijo sin perder esa mirada risueña del que se sabe conocedor de una Verdad más del mundo.
Así que lo entendí: Cuando estoy mal
escribo. Y escribo como me siento. En esta ocasión creo que me he
entendido suficiente y de manera lo bastante simple como para poder
contároslo. Ya me siento mejor y con un poco de suerte el leer esto
ayudará a alguien.
Así de simple y nada más.
Gracias por pasar conmigo esta purga.
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